Hoy estuve un rato fumando en la terraza de la casa de mis papás. Inevitablemente vinieron a mi cabeza los recuerdos de todas las tardes que subí allí a hacer lo mismo. Todo sigue exactamente igual, a pesar de haber pasado tres años desde que no vivo con ellos, parece que ni las casas de los alrededores han cambiado de color. Inevitablemente, también vinieron a mi cabeza todas las cosas que pensaba en aquellos momentos, cuántas ganas de vivir y experimentar cosas nuevas. Todos los momentos en que estuve allí, unos tristes, otros feliz con el sol pegandóme en todo el cuerpo y otros deseando no estar allí, todos esos momentos siguen siendo el secreto mejor guardado entre la terraza, el paisaje y yo.
La terraza, ahora es solo una terraza olvidada, apenas visitada cuando surge algún problema con la bomba de agua. Hace no mucho tiempo fue la terraza donde se esconden todos mis sueños adolescentes.
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